
Ya antes de ver
The Mist me había llamado la atención la divergencia de opiniones que provocó, incluso en un espacio relativamente reducido como el Página/12.
Horacio Bernades, un crítico de cine que habitualmente me gusta, titulo la nota sobre la película "
Terror berreta con un final ofensivo", y luego de describir lo que él interpreta como los numerosos desaciertos de la trama, dice del final:
"Nada de todo esto es tan chocante como el final, donde daría la sensación de que Darabont [el director] y [Stephen] King decidieron colar la trágica, casi intolerable fábula bíblica de Abraham por la ventana de su peliculita de mostrencos. Allí, lo berreta da paso a lo francamente ofensivo y la risa se vuelve rictus de desagrado."
Desde una perspectiva aparentemente muy distinta,
Mariana Enriquez elogió la película (en radar) refiriéndose, curiosamente, también a su final:
"El director Frank Darabont sigue la nouvelle casi al pie de la letra, incluso en los diálogos; hasta reproduce con fidelidad los monstruos descriptos, que son de típicos tentáculos lovecraftianos y voracidad esperable. Pero cambia el final de una manera brutal. The Mist apareció en un momento en que Stephen King –norteamericano demócrata típico, esencialmente progre– estaba pensando en una niebla política real: el neoconservadurismo que se convertía en paradigma en Estados Unidos, el fin de la Guerra Fría (que le servía de contexto ideal a sus monstruos) y la era Reagan en ciernes. Pero la última palabra de la nouvelle era “esperanza”, y el final era abierto. En cambio, la película ofrece un cierre de alto pesimismo y un comentario político explícito totalmente negativo, que no deja lugar para la redención. Si King suele verse edulcorado en su paso a la pantalla, aquí se da el fenómeno opuesto: la adaptación que hace Darabont en el guión deja a la nouvelle apenas en un lugar de relato inquietante. The Mist, la película, se atreve al horror pleno más de lo que el maestro del terror lo había planeado. Una verdadera rareza."
Hay que decir que pareciera que Enriquez está más informada que Bernades en este caso. Si tuviera que elegir una de las dos críticas, me quedaría con la de ella, porque tengo que admitir que no entiendo bien que es lo que encontró ofensivo Bernades en el final.
Quizás él tenga razón en algo, sin embargo, y es en que la película mezcla subgéneros de forma un poco caótica, indefinida. Yo la empecé a ver pensando que era de "terror", pero lo cierto es que está más cerca de ser una película "de monstruos" combinada con una de "fin del mundo" (es decir, de supervivencia), y no hay duda de que se toma a si misma muy en serio, pese a las arañas y tentáculos gigantes y a unos bichos voladores no del todo convincentes.
Eso es una parte, y no la más problemática. Pero vuelvo sobre el final. Quizás, sin ser ofensivo, el final es perturbador en un sentido que no estaba necesariamente previsto. Porque pareciera que
The Mist es una película de decisiones fuertes -lo que es bueno- que sin embargo producen reacciones aparentemente aleatorias, o al menos, no suceptibles de ser reducidas a una ideología en particular.
Recapitulemos:
The Mist trata sobre un grupo más o menos abundante de gente atrapada en un supermercado, rodeado por una niebla llena de monstruos que aparentemente llegó de la nada (y pese a que después sabemos de donde vino, su origen sigue estando radicalmente fuera de campo). Como otras películas de supervivencia (la primera de Romero es seguro una de las mejores del género, y posiblemente haya sido pionera), rápidamente vemos formarse diversos grupos con opiniones claramente diferenciadas sobre cuál es la mejor solución, grupos que se vuelven tan peligrosos como los monstruos y la niebla misma.
Ahora, películas como esta naturalmente tienden a privilegiar una linea de acción por sobre otra, y aún si son lo bastante modernas como para no separar tajantemente los buenos de los malos, seguro tendremos un héroe de las decisiones acertadas y un antihéroe capitaneando a los futuros caídos.
En el caso de
The Mist, la mayor tensión está entre quedarse en el supermercado sitiado por la niebla o intentar un escape. Pero dentro de cada opción se abren otras dos: pueden quedarse adentro rezando y consagrándose al señor para que los perdone y nos los "deje atrás" (the left behind) o formar una barricada y tratar de enfrentar cada problema de forma práctica y expeditiva. Y en el escape, también hay dos posibilidades: o irse solo, o planearlo colectivamente.
Faretta, elogiando
Titanic, remarcaba la frase de Di Caprio a Winslet: "No dejes el barco": la salvación o es colectiva o no es. Sin embargo
The Mist no es Titanic, aunque la posibilidad de asociar el supermercado con la Iglesia -así como Faretta la asociaba con el barco, la nave- es incluso mucho más clara.
Y sin embargo, en
The Mist la visión general sobre la sociedad es explícitamente negativa, y la posibilidad de encontrar una salvación realmente colectiva, deshechada. Lo mejor que se puede hacer es juntar un grupo de gente razonable. Los demás, por su naturaleza, se matarán entre ellos.
Aunque habría que especificar más, ya que el primer grupo de "gente razonable" (liderados por el abogado negro) muere estúpidamente por no reconocer la realidad del peligro.
Entonces, quizás el "grupo razonable" pueda definirse como una minoría laica, que no cree ni en Dios, ni en la sociedad, ni en el Diablo, pero que sin embargo reconoce que hay motivos válidos para tener miedo.
Esto da para mucho más, de hecho acabo de borrar como 4 párrafos que había escrito al darme cuenta de que no estoy llegando a ningún lado, pese a que realmente sospecho que hay algo ahí atrás -de la niebla, diríamos- que existe claramente y que permite alinear la cadena de decisiones fallidas que moviliza toda la película.
Quizás es sólo eso: muchas decisiones que fallan, y una apelación al heroismo que queda vacante. Sólo una mujer se va sola, y cuando reclama un caballero que la acompañe, el "héroe" se niega y dice "tengo mi propio hijo del que ocuparme" y así, ya desde el principio, se condena. Esa es quizás toda la hybris, "mi propio hijo del que ocuparme", al final de la película, ya no lo tiene más. Ahora que lo pienso, creo que eso es todo.
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