
Fui a una clase en Yale. En la foto estoy con mi hermano, pero a la clase no fui con él, fui con Gabriella, mi prima -que sacó esta foto-, que estudió en Brown.
No sé si conviene hacer una mínima descripción de Yale o no. La mayoría de los edificios tienen un estilo medieval pero a una escala reducida -salvo por un par de torres, y por un par de edificios modernos. Ocupa el centro de New Haven, y muchísimos edificios dependen de la universidad. Tiene 3 bibliotecas, con diferentes especialidades. Yo visité brevemente las 3. La biblioteca central, Sterling, tiene todo el aspecto de una iglesia, con bajo relieves y ornamentaciones en piedra. En la sección de hemeroteca hay ejemplares recientes del Página/12 y de la revista el Amante.
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Creo que es el momento para tener una crisis vocacional, sí. Quiero decir, nunca tuve una. Con esto no estoy diciendo que haya nacido con la idea de estudiar Letras, pero más o menos. Terminé la secundaria, hice el CBC en un año, y empecé a cursar. La enorme mayoría de mis amigos -quizás incluso todos?- tuvieron algún tipo de vaivén, "año sabático", ida y vuelta, cambio de carrera, etc.
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La clase a la que fui como oyente era la primera de un seminario llamado "Interpretation and Authority", dictado por la profesora Carol Jacobs, en un aula no muy grande, en cuyo centro había una gran mesa cuadrada, sin un espacio diferenciado para el profesor. Las lecturas fundamentales del seminario, catalogado dentro de "Comparative Literature" eran textos de Freud, textos de Benjamin, de Paul de Man y de Barthes.
Yo estaba sentado en un rincón con mi prima, y no abrí la boca en ningún momento. En la clase se analizaron dos cuentos, uno de Benjamin y otro de Baudelaire, sobre juglares. El tipo de análisis que se hizo me recordó bastante a los que a veces aparecen en las clases de Daniel Link, pero no me refiero a cuando habla de temas generales como "imaginación pop", sino cuando se pone muy meticuloso -recuerdo por ejemplo su análisis de "El Carrito" de César Aira. Pero no sólo por esa metodología, sino porque Carol Jacobs, tal como hace frecuentemente Link, hacía constantemente preguntas a la clase referidas a estos pequeños temas. Y tal como a veces sucede en puán, a una pregunta extremadamente obvia le sigue un pequeño pero incómodo silencio, que alguno tímidamente rompe con una pequeña respuesta en forma de pregunta y en voz más bien vacilante.
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¿Pero cómo puedo tener una crisis vocacional ahora, tan cerca de terminar la carrera?. Es obvio que no me voy a cambiar, y bajo ninguna circunstancia pienso abandonar mi perfectamente realizable plan de recibirme este año de licenciado y profesor. Pero el tema es que, en mi mundo soñado, aparte de recibirme, este año presentaría un proyecto para una beca y quizás también una adscripción o algo semejante.
Ahora, tal como he dicho ya en innumerables ocasiones, eso implica tener una idea sobre qué (cuernos) quiero hacer, o sea, que tema quiero investigar, etc. Y ahí viene mi crisis vocacional, esa que nunca tuve y que ya venía siendo hora de experimentar. Porque hoy, 22 de enero, no sólo NO TENGO IDEA de qué tema podría ser ese, sino que he perdido toda esperanza de descubrirlo mágicamente en el curso del próximo semestre.
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La diferencia más notable entre las voces vacilantes de puán y las de Yale es la multiplicidad de acentos y nacionalidades que podían detectarse en esta última. Creo que éramos 22 o 23 en la clase, y estoy seguro que había por lo menos un par de orientales, algún latino, uno que parecía de europa del este y otro que posiblemente fuera austríaco o alemán.
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Y es una pena realmente porque el plan original era bastante bueno. Es decir, todo más o menos encajaba. Primero, terminar mis monografías -las que necesito para tener la licenciatura alrededor de mayo. Teniendo ya un tema embrionario a desarrollar, tendría suficiente tiempo como para presentar un proyecto en julio para una beca del CONICET. Salvo que las cosas cambien sorpresivamente, no sería fantasear demasiado que me la den (ojo, nunca se sabe). En cuyo caso, podría abandonar mi aburrido trabajo de oficina -luego de estar ahí 6 años- a principios del 2010 y dedicarme a la investigación.
Pero ahora prefiero considerar que eso no sucederá probablemente. Y quizás esté bien que así sea, quizás esté bien tener al menos unos meses para pensar seriamente y dejarme llevar, aún si eso implica seguir encadenado a esa oficinita de Caballito que ya me ha visto envejecer un poco.
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a grandes rasgos, la clase no estuvo mal: es posible que el seminario fuera medianamente interesante, aunque también es probable -y la misma Carol Jacobs hizo una advertencia al respecto- que muchas de las interpretaciones queden entangled en una red de observaciones banales sobre la imposibilidad necesaria del sentido y de la polisemia y etcéteras varios que bien podría asociar con el academicismo norteamericano. Paul de Man tenía su escuela en Yale, no olvidemos.
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