Ahora estamos en el 2006 y el profesor que entra al primer teórico no es otro que Daniel Link, cuyo libro Clases había comprado (en un deseo nerd de anticiparme a los contenidos) una semana antes, y cuyo blog visitaría unos días después, para mi deleite. Luego de la limpieza conceptual funesiana, Link representaba toda la perversión que la otra cara de mi personalidad académica (y no académica) aspiraba experimentar. Amaba sus teóricos, quiero decir, tengo recuerdos muy concretos de estar en la oficina un lunes a las 5 pm (todavía trabajaba de tarde en ese entonces), agotado y enojado, pero después alegrarme pensando "aguantá un poco, en un rato hay teórico de siglo XX!".
Cuando en la segunda o tercera clase, trabajando el texto de Lacan sobre el espejo y el cuento de Aira sobre el carrito, Link dijo "¡cuidado con las identificaciones imaginarias!" yo sentí que me lo decía a mí, específicamente. Nada de esto es muy sorprendente. Aunque en el 2006 seguiría manteniéndome casto, ya hacia siglos que no veía porno que incluyera cuerpos femeninos, y un profesor como Link tenía todos los atractivos para hacerme desear ser como él algún día. Tengan en cuenta también que en ese momento no había leído ninguna novela suya ni sus artículos (todavía no escritos) en Perfil.
Con Link descubrí a Copi, a Roussell, a Proust (sobre todo a Proust), a Didier Eribon y algunos otros. En el práctico estaba con Laura Isola, que me puso un 10 en mi olvidable monografía sobre Beckett y Copi.
Teoría con Panesi, Española con Funes y Siglo XX con Link fueron las materias más significativas de mi carrera. Hubo otras que me gustaron mucho en el último tramo, como el seminario de Vedda o Renacimiento con Ciordia (y siglo XIX no está muy lejos), pero estas últimas las cursé en un momento en el que ya sentía la apremiante necesidad de recibirme. Creo que sólo por eso es que las primeras pesan más que las segundas a la hora de describir mi vida en Letras.
En el 2do cuatrimestre cursé Teoría III, que incluyó la muerte de Nicolás Rosa en su programa semi-improvisado (junto con la de Héctor Libertella, el primer autor que leímos) y Literatura Argentina I. El contraste entre las dos era mayúsculo: Argentina I fue quizás la materia más organizada que cursé, se dieron todos todos los textos sin apurar ninguno, y la integración del tema (viajes y crónicas) fue clarísima desde el primer teórico hasta el último práctico. Vitagliano me entretenía e interesaba pero no puedo decir que la cursada de Teoría haya sido de las más placenteras.
He soñado con el fantasma de Nicolás Rosa en más de una ocasión. Quizás es porque me sentí culpable, ya que sus clases no me gustaban en lo más mínimo, y no dejé de criticarlas cuando murió. Y no lo hice en privado además. Lo hice en mi recién estrenado blog, de inspiración linkilleana. ¿Me arrepiento?. No en cuanto a mi valoración de las clases, pero quizás -muy posiblemente- hubiera sido uno de los casos en los que correspondía aplicar eso de "si no tenés nada bueno para decir, no digas nada". Me compré más de un libro de Rosa y algunos capítulos me sirvieron. Hoy casualmente estuve ordenando apuntes y releí una parte de la monografía que hice para la materia y la encontré bastante buena. Era sobre Dormir al Sol. Ya hablaré más de mis monografías próximamente.
En Argentina I, estaba en el práctico de Inés de Mendonça, que estaba ya en la última fase de su blog, que conocí demasiado tarde. Entre mis compañeros estaba Pablo Álvarez, con el que había cursado antes otras materias antes, y Ezequiel Vila, al que conocería un poco más el año siguiente en Norteamericana.
La parte central de mi cursada ya estaba terminada: faltaba el famoso "tramo libre". Las notas eran siempre las mismas, mi sistema no era decimal, era prácticamente binario. Intuía que lo que quedaba sería más fácil; ya no leía cada apunte tres veces como había hecho en los dos primeros años, y mi voluntad para quedarme haciendo cuarenta minutos de cola en el Cefyl ya estaba menguando significativamente.
---
7 comentarios:
Está excelente esta crónica universitaria. La sigo como a Lost. La verdad es que la frase "cuidado con las identificaciones imaginarias" ya te pertenece a vos, que sea una cita de Link es casi anecdótico. El otro día me encontré incluso dicéndola y nombrándote como fuente.
Completamente de acuerdo con la apropiación que señala Gustavo.
Bien, cumpliste con lo prometido al derrotado subcampeón de poker. A ver si me suben las visitas estos días.
Excelentes las crónicas, las sigo como a la campaña de Banfield.
Me encantan los relatos universitarios. Es increíble como hay cosas que se mantienen a lo largo del tiempo (yo tuve experiencias similares hace 14 años aprox!).
Estaría bueno que en las próximas entregas pongas: a) Por qué estudias letras; b) Qué te encontraste y si era lo que esperabas; c) Qué esperas hacer con lo que aprendiste; y d) subí alguna monografía.
Gracias
Fede
Apoyo la moción! Yo lo conocí por vos, así que por "usucapión" la frase es tuya.
Mariano, me encantan tus crónicas.
No sólo las leo y me siento muy identificada sino que además están hermosamente escritas.
Y se nota lo mucho que querés la carrera.
Un beso grande.
Sí, eso, alguna monografía tenés que subir, che.
Como dicen más arriba, estoy siguiendo estas crónicas como si siguiera una serie de televisión. Son buenísimas.
yo conocí tu blog justamente cuando murió Nicolás Rosa. Ese día me llegó un mail y decidí googlearlo para ver qué se escribía sobre él, y así llegué a tus posts desencantados con la cursada. saludos!
Publicar un comentario