miércoles, noviembre 18, 2009

Parte 3: Un nuevo comienzo

Todo en la educación es un preámbulo, eso se sabe. La primaria te prepara para la secundaria, que es una preparación para la universidad, en la que tampoco ves ningún tema a fondo, sólo te preparan -idealmente- para que algún día lo hagas más o menos por tu cuenta.

Entrar a puán fue descubrir rápidamente que yo no habia leído nada. Un efecto bastante frecuente. Yo creía haber pasado toda mi segunda infancia, pubertad y adolescencia leyendo constantemente. Pero no había tocado ni las orillas, ni la epidermis.

De ahora en más (desde el 2003, año que empezó con teoría y análisis y gramática y terminó con literatura francesa y lingüística) mis ojos se acostumbrarían a esos penosos apuntes mal impresos, con letra chica, que te secan las yemas de los dedos, y que a veces todavìa conservan el calor de la fotocopiadora.

No tenía conocidos en Letras. Si dije que en el 2002 comenzó para mí un período asocial, esto se acrecentó bastante en el 2003, cuando ya realmente veìa muy poco a mis amigos de la secundaria y todavía faltaba bastante para que conociera otros nuevos. También se inició un período de castidad. Antes de terminar el primer cuatrimestre ella se volvió a su cielos violetas por última vez. Recuerdo que la última vez que cenamos juntos, yo salì temprano del práctico de Leonora Djament para llegar a tiempo.

Panesi en teóricos, Djament en prácticos, todos los ayudantes circulando por los teórico-prácticos, un Rizoma en el corazón y un Adorno en el intestino grueso. Mi primer trabajo escrito fue sobre Poe, me saqué un 7.50, una de las notas más bajas que obtuve en la carrera. Luego escribí otro sobre El juguete rabioso. No me acuerdo la nota, pero sé que el trabajo estaba muy bien. Usé la división en ejes horizontales y verticales que sigue funcionándome hoy en día. Leí la novela de Arlt 4 veces. Y nunca me gustó. No trabajaba todavía en la oficina, tenía tiempo para esas cosas.

Y voluntad.

Rápidamente descubrí que no era el único que no habìa leìdo a Robbe-Grillet ni a Mallarmé. Cuando en el segundo parcial me pidieron que analice comparativamente la concepción de la subjetividad en Tinianov y en Derrida... bueno, hice lo que pude, y la nota fue buena. Por cierto, ahora tampoco podría responder a una consigna como esa. Es más, es probable que si lo intentara, los resultados serían peores.

Pasé a formar parte de la avanzada del práctico de Djament más o menos rápido, junto con otros dos chicos algo mayores que yo. El final me lo tomó Topuzian y me puso un 10 pese a que me equivoqué en varias cosas. Me hubiera gustado que me tome Panesi.

La otra cara del 2003 es la de Augusto Trombetta. Gramática no fue una tortura gracias a él. Y en lingüística lo disfruté aun más. Un dato curioso es que cursé estas dos materias con Claudio Iglesias -en el mismo práctico incluso-, del que me hice amigo muchos años después. El final de gramática fue el primero que di en la carrera, y por lo tanto, el primer final oral de mi vida. Ese sí me lo tomó Ciapuscio, que me puso un 9 sin preguntarme nada fuera de mi tema (Jakobson). Uno de los finales más fáciles que di. El de lingüística en cambio fue de los más dificiles -no me tomó Menéndez, eran los de prácticos, pero sin Augusto-, me llevaron por todo el programa durante 40 minutos eternos. Nota: 9.

¿Y qué decir de Literatura Francesa, aparte de que es una de las peores materias de la facultad, sino directamente la peor?. Todos saben que es una cátedra que habrìa que dinamitar íntegramente. Lo más espantoso eran los teóricos de Blarduni. Por dios, qué embole. Eso sí, conocí textos literarios interesantes: La caída de Camus y El arrebato de Lol V. Stein en particular. Como era de esperarse, en el final me preguntaron estupideces específicas que ellas habían dado en teóricos. Yo no había faltado a ninguno así que no fue problema. Recuerdo que aún así estaba medio nervioso. Nota: 9.

Casi sin darme cuenta, había terminado el primer año con un promedio muy alto y sin deber ningún final de las 4 materias (todas no promocionales obviamente) que cursé. Si bien yo siempre fui buen alumno, en la secundaria reprobaba alguna cosa de vez en cuando (por ejemplo física, cívica, matemática ocasionalmente; y aunque en literatura me iba muy bien reprobé algunos dictados). Y en el CBC tampoco era un chico 10, ya dije que di final de IPC y que casi casi también de semiología. Históricamente mi promedio siempre había estado cerca de 8, pero desde que entré a puán empezó a rondar el 9.

No hice ningún amigo en el 2003, sólo conocidos ocasionales en cada materia. No tuve mucho contacto con profesores, el más personal fue Trombetta. Recuerdo que fui a ver al ensamble Marion tocar en el 3º piso y ahi lo vi por primera vez a Leonardo Funes, antes de saber quién era. En ese momento Sarlo todavía daba literatura argentina II.

Puán ya estaba funcionando en mi cabeza, pero todavía no había hecho pie, todavía no sabía qué es eso de estudiar letras.

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4 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué bueno está esto! No quiero perderme ningún capítulo de esta saga.

Matías dijo...

Buenísimo lo que estás escribiendo, Mariano. En cualquier momento, se vuelve folletín! Saludos!

cintia dijo...

No dejes de escribir sobre esto! Me digo a mí misma ahora "Cuidado con las identificaciones..."
Jajajajaja!!!!!! Francesa!
Besos, espero la próxima entrega!

Mariano dijo...

bueno, creo que no hace falta decirlo pero igual: gracias por los comentarios, me alegra sinceramente que les guste, a mi me gusta escribirlo también