
Hoy pasé la mayor parte del día en las IV jornadas de estudios clásicos y medievales en la Universidad de la Plata. Fui a la conferencia inaugural, donde me encontré con Solxie, con quién pasé toda la primera mitad del día. Después me ahorré el almuerzo ya que el brindis que ofrecían tenía suficientes sandwiches de miga. Un poco más tarde fui a una mesa en la que se presentaban 3 trabajos bastante sólidos. O al menos los dos que escuché, ya que antes de que el tercero pudiera realmente despegar me tuve que ir porque empezaba la mesa en la que me tocaba exponer a mí.
Bastante bastante fea la facultad de humanidades de la Plata. Yo siempre entro a una universidad desconocida pensando que tiene que ser más linda que puán. No es el único caso en el que sucedió lo contrario.
En la mochila tenía The Swamp Thing, vol.5, finalmente sólo la abrí en el viaje de vuelta. En los tiempos muertos, sobre todo cuando Solxie se volvió para capital, sacaba mi trabajo y trataba de organizarlo estructuralmente en mi cabeza. Tengan en cuenta que la lectura de comics y de textos de didáctica han reducido un poco mi capacidad intelectual. Y la narratología y la neurología no bastan como contrapeso, aunque algo ayudan, sin duda.
Ademàs, como de costumbre, sigo sosteniendo la política de comentar oralmente en vez de leer. En este congreso al menos no fui el único, aunque las otras dos personas en mi mesa sí leyeron.
Mi exposición estuvo bastante bien. No les digo que me sale de taquito pero ya es como el 5to (¿o 6to?) congreso en el que me presento, así que tampoco es precisamente una situación nueva. Había algo de gente -7 u 8 personas-, entre los que se contaba Leonardo Funes, quién en su momento corrigió la monografía que sirvió de base a mi trabajo. La lectura neurocientífica, medio inconscientemente, me dio pie para un pequeño hallazgo involuntario que, creo yo, fue efectivo. Cuando me referí al carácter incognoscible de la intención autoral para San Agustín, opuesta a la verdad absoluta de la doctrina, expresé esa tensión cerrando el puño de la mano izquierda (sentido incognosible) y abriendo el de la derecha (verdad absoluta). Creí percibir inmediatamente un aumento en la inteligibilidad de lo que estaba diciendo, aunque claro, no puedo comprobarlo.
Terminado el asunto, no me quedé al panel de literatura medieval. Me fui caminando hasta la Catedral (ya había estado ahí hace un tiempo), y después me tomé un café con medialunas por ahí nomás. Volví a mi casa, ya con el certificado en mano (por lo que no voy a volver a la Plata demasiado pronto), dejé las cosas y salí de nuevo, esta vez para el gimnasio.
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1 comentarios:
por casualidad leiste un cuento de Amis de unos escritores (creo que gays) que se matan en el gimnasio inflando sus pectorales de forma monstruosa? salió en una de esas ediciones baratas que venden en los supers.
bueno, nada más
saludos
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