sábado, noviembre 28, 2009

Epílogo: Alma Mater



Y como todos saben, esta historia se acabó hace unos días. El 2009 empezó con la pesada obligación de terminar cuatro monografías, que me llevaron mucho más tiempo de lo que originalmente había calculado. Además, cursé didáctica especial, que incluyó las prácticas en el Liceo 1 de las que hablé hace no mucho (y de las que por lo tanto no hay ninguna necesidad de volver a hablar).

Es difícil determinar exactamente qué es lo que se terminó, dada la circunstancia -muy habitual en puán- de que deseo continuar por la vida académica, en instancias que todavía no me resultan claramente formulables. Pero algo, algo se siente terminado. El 2010 traerá, espero, alternativas interesantes.

¿Qué me pasó a mí, en estos 7 años (2003-2009) de puán?. Entré a puán pesando los mismos 60 kg que peso hoy, aunque sin barba candado; heterosexual con dudas ocasionales no llevadas a la práctica, con fantasías literarias y 6 o 7 cuentos propios más o menos largos; con escasísimos conocimientos filosóficos pero con un considerable amor por las novelas largas y su relectura. Escuchaba música clásica (sobre todo Bach, Haendel, Telemann, Haydn, Mozart y algo de Beethoven), los Redondos, Morphine, Radiohead, Gun's and Roses y no mucho más.

Hace unos días bromeando con unos amigos decía que después de 7 años de puán me encuentro a mi mismo escuchando Megadeth y leyendo a Batman, mientras que a los 16 hubiera sido más fácil encontrarme con un libro de Borges y un CD de música de cámara.

Pero aunque esa no es una contraposición realista, es innegable que puán ha modificado para siempre mi relación con la literatura, muy especialmente, mi relación con las novelas. Mi papá, gran lector de este género-y que me ha recomendado muchas, al igual que mi mamá- se horrorizó un poco cuando le dije que me excitaba más la lectura teórica. Ahora mismo por ejemplo estoy leyendo Las correcciones de Jonathan Franzen y sin duda me gusta, pero no puedo dejar de contar las 300 páginas que me faltan para agarrar un libro de Ricoeur y otro sobre Aby Warburg.

A lo largo de esta crónica, me he referido lateral pero insistentemente al desarrollo de mi vida erótica. Uno podría preguntar sin amagues: ¿puan me hizo puto?. La verdad, no creo.

Podria también decir: puán eclipsó mi sueño de ser un escritor, y aunque no estoy contemplando ninguna de estas posibilidades como algo inmediato, me es más fácil imaginarme grabando un disco casero o haciendo dibujos o comics, que escribiendo una novela. Pero al mismo tiempo, habría una contradicción evidente en semejante afirmación: fíjense nomás con que dedicación escribí esta gran crónica (que no es una novela pero es algún tipo de arte verbal) y con qué diletantismo me dedico a las otras cosas.

Y en relación a la investigación, el agujero negro que se ha venido abriendo desde que tomé conciencia de que era hora (porque todo el mundo lo había hecho ya) de ir precisando un área propia me ha hecho dudar, algunas veces, si realmente tengo tantas ganas de dedicarme a la investigación académica. ¿Y si esta fuera la forma que encontró mi inconciente (digamos) para decirme que pese a lo buen alumno que fui y todo eso, en realidad no tengo tantas ganas de desempolvar manuscritos o redactar ponencias?. Es un tema complicado, pero algo tengo que ser (y oficinista no, gracias; y docente únicamente creo que tampoco, aunque esto es más difícil de decir a priori) así que por ahora, ese sigue siendo mi plan.

No quiero seguir utilizando anecdotario puanner en este blog, me parece que ya de eso hay de sobra (no conozco ningún otro blog que contenga tantas referencias a puán como éste, ni de cerca). Pero hay una última que no quiero dejar pasar, y que no creo que haya contado antes. Una vez encontré una flor de papel puesta sobre mi bicicleta. Había otras bicicletas al lado, pero sólo la mía había sido adornada de esa forma. Me la llevé y la tuve varios días, preguntándome quién habría sido. ¿Una hippie del Cefyl que la puso ahí como podría haberla puesto en cualquier otro lado?. ¿O alguien que sabía que esa bicicleta era mía y que quizás estaba en el patio en ese mismo momento mirándome sostenerla en el aire con un suspiro?. Seguramente nunca lo sabremos.

Termino entonces, sin más vueltas, diciendo lo que todos saben. Y es que yo amo la carrera de letras, así como a puán y a su esplendor retorcido.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

che, suena a despedida (lo digo porq no conozco tus intenciones). Me encantó la crónica, pero no dejes el blog!!. Vos -o tu blog- ya sos parte de mi experiencia en puán -q es un poco más gris, me parece, en filosofía-. no nos dejes :)
Visito este blog desde el post de shaka todos los días. Sos el mejor amigo (bueno, imaginario) q se podría tener :)
Chau.
Rudolf.

cintia dijo...

Extraño tanto, que a menudo me duele. Leer(te) reavivó recuerdos, incrementó la melancolía y hasta resucitó un viejo amor.
Al terminar la carrera decidí que iba a tomarme un tiempo para ver qué hacía, y cuando supe (muy pronto) que no quería salir de Puán jamás; fue la vida la que no me permitió volver. Acabo de inscribirme en la maestría De Romano, Jitrick y estoy feliz. Como lo estuve leyendo estas crónicas.
Salí de la carrera cuando vos ni siquiera habías entrado (en el bendito 2001), y cuánto de todo lo que contás me "identifica imaginariamente".
Cintia.

cintia dijo...

Extraño tanto, que a menudo me duele. Leer(te) reavivó recuerdos, incrementó la melancolía y hasta resucitó un viejo amor.
Al terminar la carrera decidí que iba a tomarme un tiempo para ver qué hacía, y cuando supe (muy pronto) que no quería salir de Puán jamás; fue la vida la que no me permitió volver. Acabo de inscribirme en la maestría De Romano, Jitrick y estoy feliz. Como lo estuve leyendo estas crónicas.
Salí de la carrera cuando vos ni siquiera habías entrado (en el bendito 2001), y cuánto de todo lo que contás me "identifica imaginariamente".
Cintia.

rizla_ dijo...

bellisimo, todo.

chicoverde dijo...

Me gusta la última oración. Hay algo muy copado en Letras; los profesores soberbios, la abulia crítica, los chusmeríos catedráticos y la pedantería estudiantil son fenómenos ínfimos y su exhacerbada mención no le hacen justicia a todo lo bello que sucede. Tus crónicas (y tu blog en general) son divertidas, interesantes y bellas por eso, amás la carrera con todo lo que tiene.
Un gustazo este recorrido.