lunes, julio 06, 2009

en marcha

me preguntaba hoy si es posible pensar las novelas de Verne (La Isla Misteriosa y las 20.000 leguas de viaje submarino) y London (El Lobo de Mar) que estoy trabajando como variaciones de juegos infantiles. El caso de La Isla es el más evidente, al punto de que existe una famosa novela (y película), El Señor de las Moscas, que trabaja sobre esa posibilidad, pero desde el signo inverso (el juego que se convierte en la salvajada que debería alejar o al menos contener) a la novela de Verne.

Las actividades de los colonos en la isla provocan esa idea de jugar con los distintos roles, "juguemos a que somos alfareros / marineros / vidrieros / etc.", y el exceso y el relativo lujo con el que viven facilita esa asociación.

El juego es, obviamente, formativo. Pero en la novela de London pierde su carácter colectivo; está claro que Humprey tiene que aprender a jugar, pero las reglas lo acosan, no existe esa naturalización de los roles que suaviza los destinos de Verne -particularmente los más desfavorecidos, como al negro Nab-, todo pasa por la el colmillo o el garrote.

Por último, en las 20.000 leguas, el juego tiene un carácter distinto, más negativo en cierto sentido que en las otras dos novelas. El juego de Aronnax es pasivo, como ver la tele -esto lo decía Vedda en su seminario-, implica paralizarse frente a un espectáculo atrapante, pero cualquier movimiento propio podría romper el hechizo. Se juega o se vive.

1 comentarios:

Atenea dijo...

(Comentario completamente colgado)

Puede que sea influencia de lo que estuve leyendo en estos días, pero aparte, ¿Nemo no tiene un comportamiento digno de un hada de agua, que pide pasividad, aislamiento y secreto (que por supuesto se quiebra) para desarrollar su maravilla?