La foto es de New York, del sitio en construcción de la empresa Skanska. Es San Jorge contra el dragón. La misma estatua adornaba la entrada del asilo de Arkaham.
En el avión de vuelta viajamos en Business class. Sinceramente, no hay gran diferencia. Teníamos pasajes para la clase turista para el vuelo de las 21:30. Pero los de American Airlines, viendo que había poca gente en ese vuelo y no mucha en el siguiente -que es a las 22:30-, decidieron unir los vuelos inventando una ridícula excusa del mantenimiento (esto no es una sospecha, es un hecho avalado por una de las azafatas, que quizás ni siquiera supo que se suponía que no lo supiéramos). Al cambiarnos de vuelo nos dieron originalmente unos asientos horribles al fondo de la clase turista. Pero poco antes de despegar nos cambiaron espontáneamente a Business. Repito que no hay gran diferencia.
En el vuelo de vuelta, mientras leía Last Halloween y veía algunos episodios de esa serie mediocre-pero-tolerable llamada "The Big Bang Theory", pensaba en qué aspectos de la crisis económica se me presentaron en mis dos semanas norteamericanas. El más evidente es muy cercano: pocos días antes de nuestra llegada, mi prima perdió su trabajo en un diario regional que cerró -uno de los tantos que cerraron. El contador de mis tíos murió, creo que de un infarto, que podría o no estar relacionado con la crisis. Una amiga de mi prima con muchos contactos no consiguió más trabajo que vender quesos en la Grand Central Terminal.
En el gigantesco local de una casa de electrónica llamada Circuit City, los empleados estaban bajoneados porque pronto iban a cerrar el local. En el New York Times del viernes pasado, los obamistas tenían esperanzas pero no creen que nada se arregle antes de 2 años.
En el Ground Zero hay construcción, pero no se llega a ver nada a través de las vallas. Los puestos de revistas están todos obamizados, a veces con merchandising (p.ej. leche chocolatada) incluído.
Sobre la situación Israel-Gaza, leí artículos del New York Times que apenas podían disimular la diferencia entre los muertos de uno y otro bando presentando las excitantes tareas de las fuerzas israelíes en su avance por una ciudad en guerrilla, en situaciones que evocaban las de los videojuegos más básicos (los palestinos salen de los túneles!). A favor de la prensa, debo decir que leí algunos artículos interesantes en The Nation -como una entrevista a Olmert en la que hablaba de la división de territorios como única solución, y un breve texto de Naomi Klein sugiriendo un bloqueo económico a Israel equivalente al que se aplicó a Sudáfrica durante el appartheid. Igualmente, las fotos de los chicos de Gaza heridos y/o en trance de muerte que salieron en el Clarín eran probablemente más de lo que solía ver en el seguimiento del conflicto en el Times. Puede que haya habido alguna excepción que no recuerdo bien.
Les llevé una Barcelona -que leí en parte en el avión de ida- y me traje un The Onion.
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