Estuve leyendo
El hombre máquina, un breve y conocido ensayo de Julien Offray de la Mettrie, el filósofo materialista del iluminsmo francés, poco querido por la mayoría de sus contemporáneos, pero reivindicado por Marx (al menos, eso dice
Wikipedia)
Lo leí, no sólo porque desde que Nicolás Rosa lo mencionó muy elogiosamente en una clase me daba curiosidad, sino porque proyecto utilizarlo para escribri sobre Sade. No es una asociación original de mi parte, es una filiación establecida, aunque no sé exactamente en que grado de especificidad.
"El cuerpo humano es una máquina que pone en marcha sus propios mecanismos: viva imagen del movimiento perpetuo. (...)
Pensamos y hasta somos hombres honrados del mismo modo que somos alegres o valientes; todo depende de la manera en que nuestra máquina está montada"
La tesis central de la Mettrie es bastante sencilla: no existe la
res cogitans cartesiana, no hay dos sustancias, una espiritual y una material, articuladas en los seres humanos, ni un alma racional que nos separe de los animales. Sólo existe sustancia material, sujeta a leyes mecánicas. Somos la conjunción de nuestros órganos orquestada según funciones y necesidades específicas, y lo que llamamos nuestro intelecto no es más que una función los nervios del cerebro, activadas por un gran número de estímulos, sobre los que nuestra voluntad sólo tiene un dominio ocasional ("por una orden que imparte, sufre cien veces el yugo").
"Llegaron las palabras, las lenguas, las leyes, las ciencias, las bellas artes, y por medio de ellas, en fin, se pulió el diamente buto de nuestro espiritu. Se ha adiestrado a un hombre a ser escritor como a ser mozo de cordel. Un geómetra ha aprendido a hacer las demostraciones y los cálculos más dificiles, como un mono a quitarse o ponerse su sombrerito y a subir sobre su dócil perro."
Descartes ya había asimilado a los animales como autómatas (en tanto no tienen alma) y había llegado incluso a afirmar que, en principio, nuestros semejantes humanos también se nos presentan de esta forma, ya que estamos imposibilitados de acceder a su
res cogitans, y en ese sentido, debemos conformarnos con creer que tal cosa existe por el hecho de que podemos hablar con ellos.
La Mettrie, da un paso más y lo que plantea en el párrafo que acabo de citar recuerda el famoso cuento de Kafka,
informe para una academia. La insistencia en el ejemplo del mono recuerda a Linneo, que, exactamente al contrario que La Mettrie, pensaba que Descartes sólo podía afirmar que los monos no tenían alma porque nunca conoció a uno de cerca (
Cartesius certe non vidit simios).
Pero no es concretamente el problema de la distribución metafísica de las sustancias ni la distinción animal-humano (ambos temas muy interesantes desde ya) lo que, pensé, podía servirme para pensar a Sade.
La naturaleza, esa agrupación siempre en movimiento de conceptos, me interesa como tema, y no sería demasiado aventurado pensar que su re-definición "laica" en los siglos XVI y XVII tiene un gran significado para la modernidad. Si lo que me interesa de momento es analizarla en relación a la literatura sadiana, probablemente podría partir de la conjunción de Rousseau, Spinoza y la Mettrie. Veamos algo de lo que dice este último antes de ir a dormir.
"La Naturaleza, antes infectada por el sagrado veneno [la religión], volvería a conquistar sus derechos y su pureza. Sordos a toda otra voz, los mortales, tranquilos, no seguirían más que los consejos espontáneos de su propia individualidad, los únicos que no pueden ser impunemente despreciados y los únicos que pueden conducirnos a la felicidad por los agradables senderos de la virtud"
Así, a grandes rasgos, lo primero que surge de rastrear un poco el término "Naturaleza" en casi cualquier contexto, es su, digamos, polisemia. Como unidad semántica uno podría pensar en la oposición "Naturaleza / Cultura" como el significado más estable, aunque también "Naturaleza / Dios" o "Naturaleza / Providencia" son bastante habituales en un contexto en el que la interpretación cristiana del universo tiene todavía un gran peso.
Quizás ya escriba más sobre eso -es probable- pero así como al pasar: la idea de que la divinidad no sólo no es la naturaleza sino que opera en sentido contrario es típicamente judeocristiana y no se encuentra en muchas otras religiones. El tema es interesante.
El eterno problema de la oposición fundamental, Naturaleza / Cultura, es que sólo puede funcionar si se acepta que pueda existir una definición "no cultural" del concepto de Naturaleza, lo que quizás no tiene mucho sentido. Salvo si consideramos que "Naturaleza" es todo lo inefable y que escapa a cualquier conceptualización, con lo cuál la oposición sería más bien "Realidad intraducible lingüísticamente / Realidad procesada por el lenguaje".
Pero ni Sade ni La Mettrie lo piensan así, más bien, se van hasta el otro extremo e intentan fundamentar un concepto de Naturaleza que es eminentemente cultural e ideológico, y por lo tanto, mucho más operativo que la pura nada asignificante.
En el párrafo citado, es la naturaleza
que da consejos, y en Sade, suele ser la naturaleza
deseante. En ambos casos, se supone entonces, que se puede ir a favor de la naturaleza o en su contra. Y como ambos son anti-cristianos, asocian a los principios eclesiásticos como la corrupción de este mandato natural.
En otras palabras, la Naturaleza no es, como a primera vista podría parecer, la supresión de todos los principios culturales para caer en una ataraxia de indeterminación moral, sino un nuevo centro moral, cuyos valores, si bien son distintos de los anteriores, no desaparecen.
La diferencia clara entre la Mettrie y Sade, como se ve en el párrafo que cité recién, es que el primero continúa la linea de pensadores que asociaban mucho de lo que normalmente se considera "virtud" (el viejo principio de no hacer a los otros lo que no queremos que nos hagan a nosotros) con el estado de naturaleza, mientras que para el segundo este esatdo no conlleva absolutamente ninguna obligación hacia los demás, al contrario, implica nuestro derecho de suprimir cualquier legalidad que se oponga a nuestras pasiones.
Pero eso no significa que Sade deje todo indeterminado para que el sujeto pasional lo moldee a su gusto. La naturaleza refleja en su modo de existencia el modo de vida libertino, e implica, por lo tanto, un continuo movimiento de destrucción y recomposición de formas. La procreación, en ese sentido, es en Sade una
agresión a la naturaleza, ya que reduce la energía con la cuál ella moldea sus formas. En cambio, el asesinato es un homenaje, ya que permite que el cuerpo muerto sea distribuido en toda una serie de nuevas formas que se alimentan de su caída.
Pero hay dos temas muy importantes en Sade que están siempre en una posición ambigua en relación a este planteo "naturalista". El primero es la sodomía, en tanto siempre está en juego su relación con lo natural, aunque la tesis general de Sade es que la naturaleza no lo habría permitido de no haberlo querido (así como no permite la penetración por las orejas, según cuenta la abadesa de Juliette; aunque en las
120 journeés de Sodome, uno de los personajes obtiene su satisfacción de lamer las fosas nasales de las niñas resfriadas) . El segundo, mucho más complicado, es la relación entre la naturaleza y las instituciones sadianas. Típicamente los libertinos sadianos, o pertenecen a instituciones altamente reglamentadas (como "La cofradía de los amigos del crimen" de Juliette o los amigos de las
120 journeés), u operan ellos mismos según preceptos bastante precisos, cuya conexión con "lo natural" resulta poco transparente, aún si lo consideramos dentro de la visión sadiana de la naturaleza.
ya fue bastante para una noche de martes, otro día sigo. el nombre de este tag "decime que es naturaleza" es el estribillo mil veces repetido de una vieja canción de
Pastoral.