Bien, quizás no es casualidad que ayer hablase de relojes rotos: voy a intentar dar un par de vueltas sobre un par de textos recientes que tematizan, entre otras cosas, un problema de tiempo.
Para ordenarnos un poco, estos son los textos:
1) El artículo de Claudio Iglesias y Damián Selci en la útlima EXITO:
"Zapatillas animadas, heladeras que cambian".
2) El libro de Reinaldo Laddaga
Estética de la Emergencia3) Y un pouporrí -o como se escriba- de Fredric Jameson y lo que-se-me-ocurra para zafar de este tremendo embrollo en el que ya me metí.
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1º: El corteRecuerdo que en sus clases de Literatura Española I, Funes decía algo de lo más interesante. Según él, no se produjeron más cambios entre el siglo XII y el XIII que entre el siglo XIX y el XX, por ejemplo. La diferencia, nuestra percepción de una supuesta mayor velocidad de los tiempos históricos, es puramente ideológica. Mientras que en la... digamos, modernidad... todo busca presentarse desde la estética de lo nuevo (y esto se aplica desde la venta de desodorantes hasta la formulación de proyectos artísticos), en el siglo XII y XIII (digamos, en la edad media), todo se presentaba como una reformulación de lo Ya Consagrado. Los exordios eran más bien una esforzada demostración de que en el texto que continuará no se producirán demasiadas innovaciones. Y de hecho las innovaciones se producían, todo el tiempo, pero siguiendo una lógica que no es la de la ruptura, sino de la adición. La diferencia entre una temporalidad histórica "medieval" y otra "moderna" estaría dada por una valoración exterior que tiene que ver más con intentos compartidos de autodefinición y autopromoción que con lo que efectivamente sucede, digamos, en el plano de la producción.
(Si uno quisiera tirar abajo todo esto tendría que partir de ese último:
lo que efectivamente sucede, pero admitamos que la idea es interesante igual para seguir avanzando unos pasos más)
En el fondo, uno podría extremar esto e irse mucho más lejos: finalmente, podríamos llegar a la conclusión de que prácticamente nada ha sucedido en la supuesta "historia" de la humanidad, y que todos nuestras prácticas vitales (que tan fantasiosamente atribuímos al efecto del capitalismo tardío) son la consecuencia inmutable de una realidad totalmente determinada, única, sobre la que imaginariamente colocamos todo tipo de divisiones temporales para entreternos con la idea de que
algo, alguna vez -aunque nosotros no lo hayamos visto- pudo haber sucedido, en algún lugar.
Pero aunque esa mistificación me es un poco atractiva, digamos que normalmente tenemos buenos motivos para no pensarlo así. Y entre los que no lo piensan así se encuentra esa serie de teóricos que, siguiendo más o menos a Foucault, planteó que la humanidad dio un cambio radical en los últimos 40 años.
(Los nombres obvios que se me ocurren son Hoswbawm, Bauman, Sloterdijk, Laddaga, quién sabe cuantos más...)
Creo que fue Hoswbawm el autor de la frase que en el artículo de Iglesias-Selci se le atribuye a Link -por que él la cita en sus clases, o lo ha hecho alguna vez por lo menos-
"los cambios que tuvieron lugar en los años ’60 son comparables con los del Neolítico". Esto, como dice el artículo, puede interpretarse casi como un chiste raro. O no. Veamos lo que dice Laddaga -un poco más morigerado- en el (excelente) comienzo de su libro:
"El punto de partida de este libro es la certidumbre de que en el presente nos encontramos en una fase de cambio de cultura en las artes comparable, en su extensión y profundidad, a la transición que tenía lugar entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX. Comparable, entonces, a la fase de emergencia de esa configuración cultural (ese conjunto articulado de teorías explícitas y saberes tácitos, instituciones y rituales, formas de objetividad y tipos de práctica) de la modernidad estética, que se organizaba torno a las diversas figuras de la obra como objetivo paradigmático de prácticas de artista que se materializaban en las formas del cuado o el libro, qeu se ponían en circulación en espacios públicos de tipo clásico y se destinaban a un espectador o un lector retraído y silencioso, al cual la obra debía sustraer, aunque no fuera sino por un momento, de su entorno normal (...)"
(Laddaga, Estética de la Emergencia, p.7)
Digo "morigerado" porque no compara el último cambio con el de Neolítico, sino más tradicionalmente, con ese giro entre cultura (neo)clásica y la
episteme propiamente disciplinaria, ese famoso giro que aparece estudiado en 17 o 18 libros de Foucault, más o menos.
Por supuesto, no esperen que yo les diga si ese cambio tan importante de último tercio de siglo XX es real o imaginario (les juro que ni bien me entere lo posteo), pero en el artículo de EXITO se dan algunas ideas al respecto que si quiero comentar, y que estaban presentes en
la demoledora destrucción de la construcción de Ludmer en relación a estas presuntas novedades (lo de postliteratura) que escribieron los mismos autores en el último número del
Interpretador.
2º El gran problema de las CausasEn realidad, fui bastante inexacto al relacionar este problema con los relojes rotos. Quiero decir, se relaciona con él, pero no por el tiempo en si mismo, sino por el problema todavía más complejo de la misteriosa causalidad.
La gran crítica que se le puede hacer a Laddaga y a la corriente de la que es probablemente el representante más excelso, es hacer una asociación tonta y rápida entre cambio tecnológico y cambio cultural. Cito a Iglesias-Selci:
"En todo caso, es evidente que juicios de este tipo, característicos de una crítica que descubre el futuro cada dos por tres, van de la mano con un sistema de razonamiento cuyo límite fundamental es también su monotema absoluto y agobiante: lo técnico, es decir, el paso del tiempo desde el punto de vista del aparataje."
Recuerdo que
Charly me hizo reír comentándome como en uno de los últimos libros de Beatriz Sarlo, ella manifestaba una suerte de fascinación constante con el CD-ROM, con el zapping, con todo eso. No lo leí, pero me lo imagino completamente. Y hay, efectivamente, en Laddaga, un cierto culto a la novedad de la Red de Redes que por momentos parece perder un poco de vista, digamos, el uso práctico y cotidiano que los que nacimoes más o menos dentro de ella, le atribuímos.
Igual, me parece que Iglesias-Selci se pasan un poco cuando dicen:
"Poniendo en relación el discurso con su contexto, es visible de entrada el destino programáticamente impráctico que la tecnología tiene para Laddaga: no debe ser útil, y si lo es, esto es secundario. Lo que importa es que condicione los procesos y los fundamente"
Digo que quizás se pasan un poco porque es más complicado de lo que parece. Uno podría (digamos, como Austin en
Cómo hacer cosas con palabras) jugar a separar Uso y Significado, y a quedarse con la atractiva idea de que el primero es lo que debemos adoptar para comprender un fenómeno. Pero en realidad, no es nada fácil, y aunque es cierto que la fascinación de Laddaga por la Red (y quizás la de Sarlo por el CD-ROM) es por momentos antinatural, en realidad, no creo que esté mal pensar que esas prácticas son usos y significados al mismo tiempo, indisociablemente. No quisiera ponerme heideggeriano (porque no leí a heidegger para empezar, lo que está muy mal, porque para J.P.Feinman TODO esto que estoy diciendo surje de las interpretaciones locas de heidegger) pero está toda esa cuestión del mundo como una creación de la praxis, una consciencia arrojada sobre el mundo etc., etc. En otras palabras, que yo use internet con fines prácticos no significa también que estoy construyendo un mundo de significados a través de esa instrumentación, indisociable de su uso.
(mpfh... ¿borro ese párrafo?)
Entonces, mi idea era ir a las causas... ¿en qué piensa esta gente que vengo citando cuando habla de un cambio de tales dimensiones en los últimos 30-40 años?.
Quizás en una causalidad mecánica. Jameson dice que los estudios de McLuhan son interesantes pese a operar mediante la presuposición básica de que un cambio tecnológico opera directamente sobre una configuración cultural. También dice que en un momento, las presiones editoriales de determinados países le dieron a determinado subgénero de la novela la forma en que la conocemos, y que eso también es, básicamente, una causalidad mecánica y extrínseca. Y no por eso deja de ser cierto. Esto está en su libro
Documentos de cultura, documentos de barbarie.
Iglesias-Selci tienen evidentemente razón en esto: haya o no haya cambios, el capitalismo tal como lo conocemos hoy es básicamente el capitalismo de siempre. Decir que entramos en algún período
post es colocar algún otro fenómeno por sobre esa permanencia. ¿Eso significa que mientras haya capitalismo no va a pasar nada más que no sea más-capitalismo?. No, naturalmente, pero cuando R. Laddaga habla del fin de la sociedad disciplinaria, sentimos que le falta la solidez que tienen en alguna de sus otras descripciones, sentimos la necesidad de preguntarle si está tan seguro de eso. (Que se yo, en mi oficina tanto no se nota, Reinaldo, y me parece que se nota muchísimo menos en un
Call Center, según lo que se dice)
Por supuesto, nada de esto es irrebatible. De hecho las costuras del párrafo anterior saltan bastante a la vista. Alguien podría preguntarme:
1) A que te referís con "
básicamente el capitalismo de siempre"
2) ¿Qué te hace pensar que el capitalismo es efectivamente el fenómeno más significativo de los últimos 200 años, no podría acaso ser otra cosa?
Las posibles respuestas a la primera abrirían todo un margen interno al capitalismo donde podrían entrar, incluso, todas las mejores partes del libro de Laddaga -que jamás planea negar el capitalismo actual, obviamente, pero quizás por momentos pareciera caer en la estética de la novedad tecnológica que este promueve y que podría dejar zonas más importantes totalmente impensadas, como destacan Iglesias-Selci.
La respuesta a la 2 es más facil. Si, podría ser otra cosa, y esa "otra cosa" determina esa posibilidad de cambio radical que tratan de sostener algunos de los teóricos que mencioné. Quizás (estoy seguro que muchos ya lo han señalado) esa necesidad de buscar esta posibilidad esté dada por nuestra imposibilidad de hoy para pensar un afuera del capitalismo. Ya que eso es lo que tenemos, podemos entonces al menos buscar una forma de percibir la novedad en otro lado, por ejemplo -y es lo que quiere laddaga, a veces con mucho brillo, y también ludmer, con menos-, en una ecología cultural que busque suprimir la distancia entre arte y vida, y ya saben, todas esas cosas.
Terminemos un poco más alegremente con el mejor párrafo del artículo que estuve comentando tan extensamente:
Laddaga, así y todo, tiene el coraje de afirmar que estas prácticas delimitan el espacio futuro del arte, un nuevo modo de lo estético cuyos índices hoy sólo empezamos a ver. Quizás, en este punto, esté en lo cierto; quizás su error de óptica sea el siguiente: que el arte experimental en el sentido que él le da al término no es nuestro futuro, ni nuestro pasado, sino nuestro presente en el sentido más urgente.
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Me quedaron un par de cosas en el tintero sobre el libro de Laddaga (hay una explicación que relaciona biología y arte que me parece tremendamente brillante y que valdría la pena comentar), y soy consciente de que salteé totalmente a Sloterdijk, que tiene más de una opinión sobre el tema. Quizás en otro post. ---
Para todos aquellos que hoy se hayan aburrido a muerte leyendo esto, PROMETO que mañana voy a hablar del monstruo más grande que existe (literalmente). Lo digo en serio.