Esto fue lo que pasó. Hacé pocos días
el buen salvaje linkeó elogiosamente
esta nota de Hernán Vanoli. No sé nada de Vanoli, aunque escuché mencionar su nombre en varias ocasiones.
El caso es que la nota me resultó en promedio desagradable, pese a tener algunos giros simpáticos. Empieza diciendo obviedades sobre la muerte del intelectual, y tras un recorrido por algunos lugares comunes sobre el academicismo en puán, termina diciendo que nada importa y que tales cosas le caen bien y tales otras, mal.
Ahora, desde que la leí estuve con ganas de criticarla, no tanto por los lugares comunes, sino porque encuentro irritantes las críticas a la academia (o digámoslo más directamente, a puán) desde ese ángulo. El párrafo en cuestión es el siguiente:
"Lo que tenemos hoy, después de varias décadas de masificación y de la explosión de la matrícula de las carreras de sociales y humanidades que viene desde los ochenta y volvió a subir para después de 2001, es una pista de autitos chocadores mucho más grande que la del Italpark, pero mucho menos peligrosa. Los profesores, graduados y estudiantes universitarios entrarían en la categoría de “intelectuales” en un sentido más amplio, que engloba a otros elementos de una cadena semántica que con un poco de investigación cuantitativa podría incluir palabras como “progres”, “burócratas”, o “inoperantes”. Con la fantasía de que se produce conocimiento, acá en la argentina siempre recibimos teoría de segunda mano, y enseguida se forman séquitos de groupies que se adueñan de la franquicia. Supe de un grupo que hacía cosas interesantes pero se terminó desintegrando porque cuando vino Agamben lo invitaron a un asado y no se pusieron de acuerdo en quién iba a pasarle el chimichurri. En la facultad se escriben ponencias, se organizan jornadas, se hacen publicaciones, etc.. Después la gente se reparte las becas y demás dádivas otorgadas por el estado, ONG's o fundaciones privadas, escribe una tesis, a veces pasa una temporada con los pobres (si está de moda) o en alguna universidad extranjera. En última instancia lo que se hace es reproducir la circulación de las únicas retribuciones que proporciona la vida de los docentes e investigadores de las facultades de sociales y humanidades: cierto vago prestigio en capas bien diferenciadas de las clases medias urbanas, la prédica a los conversos como placebo para conciencias torturadas por sus buenas intenciones, y, lo más importante, el acceso a los cuerpos jóvenes de los alumnos (igual que en los talleres literarios). De nuevo, vale la pena acordarse de que toda esta burocracia tiene muy poco que ver con lo que se piensa como el rol de los intelectuales desde Zola: figuras capaces de impugnar a los poderes imperantes gracias a la posición de autonomía adquirida en su campo de producción específico (artístico, científico, etc.). Los intelectuales académicos que circulan en congresos y con un poco de suerte y de contactos en los suplementos culturales se parecen mucho a los literatos chinos de los que habla Weber en sus extraordinarios Ensayos sobre sociología de la religión: una casta muy concentrada en prolongar sus condiciones de existencia, cuya única gracia es la reproducción de rituales y ceremonias que, en vez de agradar a los dioses para que haya una buena cosecha como sucedía durante la dinastía Ming, buscan que sus papers y libros y tesis y revistas produzcan mágicamente una sociedad mejor en plazos casi tan milenarios como los de la China imperial."
Bien, el tema de esto es que contiene algunas frases simpáticas, y no puedo negar que la anécdota -falsa o no- de Agamben está bien. No así el contenido general.
Ahora, bien, correspondería que yo dijera
por qué me desagrada. Pero ahí empiezan los problemas. Esto es algo que en general me pasa cuando se critica a la academia por su desconexión con la política. Por poner un ejemplo bien distinto: en
la nota de Selci-Keszelman-Mazzoni de la última planta (técnicamente no se puede "comparar" estos artículos porque la nota de
planta contiene un montón de datos objetivos e información precisa que nada tiene que ver con el derrape doxológico de Vanoli), se dice lo siguiente sobre la formación universitaria actual:
"Y tal vez una de las causas se pueda buscar en la bibliografía obligatoria del joven estudiante de hoy. Después de leer mil veces que el proletariado ya no existe más, que lo mató el post-fordismo, que hay que devenir multitud, que el campo cultural es irreductible, etc., etc., no es raro que los jóvenes sean inaptos para organizarse y pedir un inocente aumento salarial, pues con ello no sólo están exponiéndose prácticamente ante el patrón, sino también teóricamente ante sus profesores. Lo que les queda, entonces, es la simple lamentación, la solidaridad en el berrido: no son proletarios (porque para ello, han leído, es imprescindible tener la piel negra, usar overol, carecer de modales, desconocer a David Bowie, siendo secundario aquello de “vender la fuerza de trabajo en la sociedad de las mercancías”), y no obstante padecen las miserias de pertenecer a la clase explotada, esa que supuestamente no existe. La teoría cultural, la teoría literaria, la sociología postmarxista, o sea: el nauseabundo sistema de teorías inútiles que reina inmaculado en los centros intelectuales ha logrado producir un trabajador tan calificado como desorientado, tan bilingüe como ignorante, a un tiempo cosmopolita, culto e impolítico. Podría ser hora de perimir las elucubraciones fantasmagóricas (tan caras a catedráticos, periodistas e intelectuales en general) acerca de sí la lengua es o no es política, para pasar a considerar al conjunto humano que realmente trabaja con la lengua, vendiendo su fuerza de trabajo en un contexto de desprotección y anarquía."
Tampoco esto me cayó del todo simpático. En rigor, no creo que sea tan así, aunque bueno, es posible que me equivoque.
¿Por qué?. Primera respuesta obvia: porque quizás soy la persona más academicista que existe sobre la faz de la tierra. Podría ser. Quizás adoro que me digan que tengo que leer y en que orden, la aprobación constante de profesores de todo tipo, y quizás porque fantaseo con una cátedra parecida al grupo de investigación de Dr. House en la que obviamente, el Dr. House sería yo. Podría ser. Siendo así, cualquier crítica que cualquiera le hiciera a la academia sería entendida por mí casi como una agresión personal.
Pero no creo que sea
tan así, sinceramente. OK, cualquiera que me conozca un poco sabe que tengo la patología del buen alumno metida hasta los huesos, pero no creo haber perdido toda capacidad de discernimiento entre lo bueno y lo malo, y está claro que puán tiene muchas cosas malas (y no me refiero al mal estado edilicio o a los sueldos de los profesores en este caso). Por citar algún ejemplo rápido, la permanencia excesiva de algunos titulares de cátedra en su puesto, o la ausencia de cátedras alternativas en la enorme mayoría de materias, etc.
Ahora sí, concretando un poco más, lo que le criticaría a la descripción del mecanismo académico de Vanoli puede sonar como ingenuo de mi parte, pero en este momento de mi vida sinceramente lo creo: parece excluir toda posibilidad de amor por el conocimiento. Si yo no creyera en eso, literalmente mi vida no tendría sentido (en cambio, si tendría sentido si no tuviera una libreta universitaria, por ejemplo). Alguno me dirá que toda ese flujo de almas individuales que circula por los pasillos en busca de adscripciones, becas, profesores con tendencias sexuales amplias o lineas de currículum lo han perdido, pero no es lo que yo creo, ni lo que veo. Por lo general veo gente que quiere saber cosas y escribir sobre ellas desde nuevos ángulos. Y si muchas veces funciona con micro-públicos de entendidos, ¿a quién puede sorprenderle?. Son temas específicos que no le interesan a la mayoría de la gente, temas sin duda menos urgentes que el conflicto de los biocombustibles, pero, ¿eso significa acaso que deberíamos tirarlos olímpicamente a la basura?. Yo ahora estoy preparando el final de renacimiento, una instancia no demasiado exigente ni demasiado relevante. Pero me interesa el tema y leer sobre el uso de las imágenes en el siglo XIV me resulta satisfactorio. Si el resultado final me gusta, posiblemente lo presente en alguno de esos congresos tan criticados, este año o el próximo, y será escuchado por 10 o 20 personas semidormidas, y quizás 1 despierta, y tendré una linea más en el currículum y todo eso. No entiendo cuál es el problema. Está bien: le interesa a pocos, no contribuye inmediatamente a mejorar el nivel de vida de la sociedad ¿Y qué?. Al menos, a diferencia de las sexistas propagandas de desodorantes, no la empeoran.
No quiero que se entienda con esto que estoy en contra de la intervención de los "intelectuales" en el campo público y político, obviamente que siempre que se pueda favorecer desde ese lado cualquier tipo de mejoría en la condiciones vitales de algo, aportar una mirada crítica a cualquier cosa, etcétera, todo eso me parece buenísimo y sinceramente admirable. Pero supongo que yo creo en que optar por la vida contemplativa es una posibilidad siempre válida, y que si todo ese sistema burocrático y academicista permite mantener la ilusión de poder sostenerse mediante la relectura y la re-elaboración de la tradición cultural a la que pertenecemos, no es tan malo.
Así que en cuanto a la crítica a la burocracia académica, me parece totalmente superficial, accesoria, y resentida. Una pelotudez, por lo general. En todo caso, habría que especificar más.
Casi nada de esto se aplica a la nota de Selci-Keszelman-Mazzoni, que va por otro lado. Pero tampoco estoy muy de acuerdo con la relación que establecen entre la bibliografía universitaria y la incapacidad de los estudiantes para reclamar aumentos salariales o formar agrupaciones sindicales. Hay carteles de la FUBA diciendo exactamente lo mismo ("fuera terminología postestructuralista!") pegados en el 2do piso de puán. No termino de entender. Los estudiantes de sociología -p.ej mi compañera de oficina- leen a Marx con bastante detenimiento en su carrera. ¿Serán por eso todos luchadores aguerridos?. Carezco de datos numéricos, pero mi hipótesis es que no. Además, Selci-Keszelman-Mazzoni subestiman un poco la bibliografía universitaria actual. He escuchado numerosos profesores en numerosas circunstancias criticar el tipo de textos sobre "la lengua del otro" que ellos critican en su artículo -con todo el derecho. La idea de que pedir un aumento sea "exponerse teóricamente frente a sus profesores" o es una exageración literaria vagamente humorística, o es totalmente incomprensible. ¿Y qué habría que hacer entonces?, ¿barrer a Derrida de Teoría I y cambiarlo por Lenin?. ¿Incluir seminarios de grado de "acción gremial"?. No me cierra. Es indudablemente cierto que algunas áreas de la carrera de Letras no tienen una visión suficientemente crítica de los devaneos retóricos post-estructuralistas, pero tampoco me parece mal que den esos textos en la bibliografía, que por otro lado, no se leen
tanto, y son odiados por una buena cantidad de gente, aunque no siempre por los motivos correctos. Creo que el hecho de que muchos de los alumnos que salimos de puán no tengamos una consciencia sindical-gremial-clasista bien definida tiene menos que ver con los textos que nos dan para leer que con aspectos mucho más generales.
Pero todo lo que yo pienso sobre estos temas está bien rotulado como "trampas de la fe". No sé como puedo usar sintagmas como "vida contemplativa". Los ataques que se podrían esgrimir contra esta posición son tan obvios que no me voy a tomar el trabajo de anticiparlos, sólo créanme cuando les digo que soy consciente de muchos de ellos.