Parte 5: Un lugar en el mundo
Cuando me inscribí a Teoría Literaria II y Literatura Española I (medieval) en marzo del 2005 no se me pasó por la cabeza la posibilidad de que la primera iba a ser una de las materias de relleno de mi carrera (pese a que ya entonces estaba orientándome hacia la teoría) y la segunda una de las más importantes.
Por cierto, y en caso de que no sea obvio, yo ya había diseñado un esquema de cursada, que respeté a rajatabla: dos materias por cuatrimestre más algún plus (p.ej. un nivel de idioma o una didáctica). Durante los primeros años fui capaz no sólo de respetar este ritmo (bastante factible por lo demás, siendo que nunca trabajé más de 6 hs diarias) sino además de rendir todos los finales en los primeros llamados.
Española I era en ese entonces con final -que para los que teníamos 9 o 10 consistía en una monografía- y los teóricos eran los miércoles por la mañana. Yo todavía trabajaba a la tarde así que no era problema. Hice el práctico con Carina. Entre mis compañeras estaba Guadalupe Campos, que no fue amiga mía hasta un par de años después.
Las clases de Funes eran la luz, eran la campana que me faltaba para complementar a Deleuze y a Panesi; fue entonces cuando finalmente empecé a entender todo lo que se podía hacer en Letras, toda la dignidad del asunto. El costado filológico y erudito, combinado con la elegancia de la teoría, que sorpresivamente volvía seductores textos que había leído con horror en la secundaria, como El conde Lucanor. Con Española I empecé un recorrido teórico y literario que continué hasta el final de la carrera, y seguramente más allá, pese a que nunca fue mi objetivo dedicarme al hispanomedievalismo.
El 2005 fue además, un buen año para la sociabilidad intrauniversitaria. Tanto los prácticos de Española como los de Literatura Inglesa (esto ya en el 2do cuatrimestre) fomentaban el trabajo en grupo, y aunque no hice todavía amigos (hoy por hoy no me veo con ninguna de las personas con las que me agrupaba), ya eran conocidos de cierto nivel. En ambos grupos había un chico que me gustaba: en española era un rubio alto con una sonrisa sinuosa quizás no demasiado inteligente, y en inglesa uno morocho con unos ojos grises impresionantes. A veces me los cruzo todavía por puán y los saludo. No creo que ninguno de los dos sea gay. Yo en el 2005 todavía no estaba seguro de serlo, pero creo que ya sospechaba que sólo era cuestión de tiempo. Me mantuve casto. Me saqué un 10 en todos los parciales de española I y lo mismo en la monografía final.
En Teoría Literaria II estaba en el práctico de Montengro, que me gustaba mucho más que Zubieta, que en esa cursada había inaugurado la locura por el presentismo en los teóricos (a los que yo de todas formas no faltaba nunca, ni en esa ni en ninguna otra materia). En el práctico había un chico alto y flaco que sabía mucho de filosofía y que detestaba a Silvia Molloy, con buenos motivos. Era Damián Selci. Lo sospeché durante un tiempo pero recién lo comprobé este año.
Mis condiciones laborales habían mejorado un poco. Seguía en negro, pero me ascendieron de data-entry de segunda categoría a "coordinador" o algo así. No era meramente nominal, aunque tampoco significaba que yo tuviera gente a mi cargo. Pero pasé a ser la persona mejor paga de los que trabajábamos ahí y la más imprescindible. Hoy en día ese puesto está merecidamente compartido con la traductora con más experiencia.
Disfruté Literatura Inglesa más que casi cualquier otra extranjera, principalmente por el programa, que era todo Shakespeare. En prácticos tenía a la glam-rocker, Noelia, que estaba haciendo sus primeras armas. El año siguiente fue compañera mía en Gramática Textual. Siempre recuerdo la clase de Cerrato sobre El Rey Lear: fue deprimente, terminó hablando de como todo el sufrimiento del universo puede no bastar para la redención. Me saqué un 7 en el primer parcial y me costó levantarlo para llegar a promediar el 9, pero lo logré gracias a una monografía sobre las obras romanas y las funciones del lenguaje.
La otra materia que cursé en el 2005 fue un error: Fundamentos de filosofía (de la carrera filosofía, claro), dictada por el futuro senador del ARI, Samuel Cabanchik. Hubo dos cosas buenas: Wittengstein -aunque visto muy por arriba- y Descartes. Fue mi primer contacto con la didáctica, ya que por algún motivo curricular muchos alumnos de ciencias de la educación la cursaban. Vómito. Recuerdo que en una cena con Hernán -aquel con el que estaba en Aux. y que comenta en este blog como "Hernán L."- yo le dije que mi deseo era que pusieran una cerca que separara a los alumnos de cs. de la educación de los alumnos de verdad en los prácticos porque no quería estar cerca de ellos. Él me dijo "¡qué nazi!".
El profesor de prácticos me tiró onda, creo que fue el único profesor o profesora que intentó hacerlo, aunque no puedo estar 100% seguro. Como profesor me gustaba, era muy vehemente, pero no me atraía a otro nivel. Éste año me lo crucé en un pasillo y charlamos unos segundos. No es imposible que esté leyendo esto.
Pese a que teoría II no había cumplido todas mis expectativas, ya para entonces me había decidido a hacer esa orientación. Terminé el 2005 convencido de que estudiar Letras era exactamente lo mejor que podía haber hecho.
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Por cierto, y en caso de que no sea obvio, yo ya había diseñado un esquema de cursada, que respeté a rajatabla: dos materias por cuatrimestre más algún plus (p.ej. un nivel de idioma o una didáctica). Durante los primeros años fui capaz no sólo de respetar este ritmo (bastante factible por lo demás, siendo que nunca trabajé más de 6 hs diarias) sino además de rendir todos los finales en los primeros llamados.
Española I era en ese entonces con final -que para los que teníamos 9 o 10 consistía en una monografía- y los teóricos eran los miércoles por la mañana. Yo todavía trabajaba a la tarde así que no era problema. Hice el práctico con Carina. Entre mis compañeras estaba Guadalupe Campos, que no fue amiga mía hasta un par de años después.
Las clases de Funes eran la luz, eran la campana que me faltaba para complementar a Deleuze y a Panesi; fue entonces cuando finalmente empecé a entender todo lo que se podía hacer en Letras, toda la dignidad del asunto. El costado filológico y erudito, combinado con la elegancia de la teoría, que sorpresivamente volvía seductores textos que había leído con horror en la secundaria, como El conde Lucanor. Con Española I empecé un recorrido teórico y literario que continué hasta el final de la carrera, y seguramente más allá, pese a que nunca fue mi objetivo dedicarme al hispanomedievalismo.
El 2005 fue además, un buen año para la sociabilidad intrauniversitaria. Tanto los prácticos de Española como los de Literatura Inglesa (esto ya en el 2do cuatrimestre) fomentaban el trabajo en grupo, y aunque no hice todavía amigos (hoy por hoy no me veo con ninguna de las personas con las que me agrupaba), ya eran conocidos de cierto nivel. En ambos grupos había un chico que me gustaba: en española era un rubio alto con una sonrisa sinuosa quizás no demasiado inteligente, y en inglesa uno morocho con unos ojos grises impresionantes. A veces me los cruzo todavía por puán y los saludo. No creo que ninguno de los dos sea gay. Yo en el 2005 todavía no estaba seguro de serlo, pero creo que ya sospechaba que sólo era cuestión de tiempo. Me mantuve casto. Me saqué un 10 en todos los parciales de española I y lo mismo en la monografía final.
En Teoría Literaria II estaba en el práctico de Montengro, que me gustaba mucho más que Zubieta, que en esa cursada había inaugurado la locura por el presentismo en los teóricos (a los que yo de todas formas no faltaba nunca, ni en esa ni en ninguna otra materia). En el práctico había un chico alto y flaco que sabía mucho de filosofía y que detestaba a Silvia Molloy, con buenos motivos. Era Damián Selci. Lo sospeché durante un tiempo pero recién lo comprobé este año.
Mis condiciones laborales habían mejorado un poco. Seguía en negro, pero me ascendieron de data-entry de segunda categoría a "coordinador" o algo así. No era meramente nominal, aunque tampoco significaba que yo tuviera gente a mi cargo. Pero pasé a ser la persona mejor paga de los que trabajábamos ahí y la más imprescindible. Hoy en día ese puesto está merecidamente compartido con la traductora con más experiencia.
Disfruté Literatura Inglesa más que casi cualquier otra extranjera, principalmente por el programa, que era todo Shakespeare. En prácticos tenía a la glam-rocker, Noelia, que estaba haciendo sus primeras armas. El año siguiente fue compañera mía en Gramática Textual. Siempre recuerdo la clase de Cerrato sobre El Rey Lear: fue deprimente, terminó hablando de como todo el sufrimiento del universo puede no bastar para la redención. Me saqué un 7 en el primer parcial y me costó levantarlo para llegar a promediar el 9, pero lo logré gracias a una monografía sobre las obras romanas y las funciones del lenguaje.
La otra materia que cursé en el 2005 fue un error: Fundamentos de filosofía (de la carrera filosofía, claro), dictada por el futuro senador del ARI, Samuel Cabanchik. Hubo dos cosas buenas: Wittengstein -aunque visto muy por arriba- y Descartes. Fue mi primer contacto con la didáctica, ya que por algún motivo curricular muchos alumnos de ciencias de la educación la cursaban. Vómito. Recuerdo que en una cena con Hernán -aquel con el que estaba en Aux. y que comenta en este blog como "Hernán L."- yo le dije que mi deseo era que pusieran una cerca que separara a los alumnos de cs. de la educación de los alumnos de verdad en los prácticos porque no quería estar cerca de ellos. Él me dijo "¡qué nazi!".
El profesor de prácticos me tiró onda, creo que fue el único profesor o profesora que intentó hacerlo, aunque no puedo estar 100% seguro. Como profesor me gustaba, era muy vehemente, pero no me atraía a otro nivel. Éste año me lo crucé en un pasillo y charlamos unos segundos. No es imposible que esté leyendo esto.
Pese a que teoría II no había cumplido todas mis expectativas, ya para entonces me había decidido a hacer esa orientación. Terminé el 2005 convencido de que estudiar Letras era exactamente lo mejor que podía haber hecho.
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