Neuronas espejo
Tal como dije en el post de abajo, estuve leyendo divulgación neurocientífica últimamente, por motivos que serían largos de explicar.El viernes, en el partido de poker posterior al encuentro de narratología, le pregunté a una de las participantes si ya estaban dando algo relacionado con las neuronas espejo en neurolingüística. Me dijo que no. Me consta sin embargo que hay gente en puán investigando el tema. Quizás aparezca en algún programa no dentro de mucho.
En pocas palabras, las neuronas espejo cumplen la función de reproducir dentro de nuestro organismo las acciones o pasiones que observamos en los otros. De forma tal que si yo veo a alguien patear una pelota, internamente mis neuronas procesan ese acontecimiento como si yo estuviera pateando una pelota también (se activan las partes del sistema sensomotor que estarían involucradas si fuera yo quién estuviera pateando la pelota).
Eso es lo básico. Avanzando un poco más, se supone que estas neuronas tienen un rol determinante en la vida social, ya que gracias a ellas cada uno de nosotros puede reproducir internamente los gestos y las actitudes de los otros, y así, entender sus estados de ánimo. Al menos hasta cierto punto. La imagen de arriba, como seguro todos ustedes saben, representa a un viejo villano de DC (cuyo momento de "gloria" fue en la infame Crisis de Tierras Infinitas) cuyo poder consistía en producir empatía a voluntad.
La principal implicación de este descubrimiento, al menos para Marco Iacoboni (el autor del libro que leí, que se llama Las neuronas espejo y fue editado este año), es que permite descartar lo que él llama la "teoría de la teoría", según la cuál la forma en la que nosotros interpretamos a los demás implica una serie de razonamientos deductivos e hipotéticos que inducimos en base a sus acciones. Para Iacoboni, y otros, esto es muy complicado y no se corresponde con lo que llamaríamos nuestra comprensión intuitiva del otro. En cambio, si las hipótesis alrededor de las neuronas espejo son ciertas, la imitación involuntaria e inconsciente de sus acciones dentro de nuestro cerebro nos daría una acceso mucho más espontáneo a las mentes que nos rodean.
Es interesante que el mismo cuento de Poe que le sirvió tanto a Lacan para hablar del sujeto y el significante (por supuesto, me refiero a La carta robada) le sirva igual de bien a Iacoboni. Los más memoriosos recordarán que en ese cuento, Dupin dice que para entender a los demás, lo que hace es imitar sus gestos.
Es raro, para mí, leer divulgación científica. Aunque en cierta medida las novelas de Verne me prepararon un poco, sigue sin ser lo mismo. Verne está lleno de mitos, tanto científicos como providenciales. En cambio el texto de Iacoboni es exactamente lo que uno esperaría: un experimento tras otro, pequeños comentarios supuestamente graciosos -pero sin un ápice de verdadero ingenio-, buenas intenciones, moralina cientificista, escaso manejo del suspenso, y algunas ocasionales conclusiones ideológicas apresuradas. Igual el libro es entretenido, en parte también por sus defectos. Estoy tan acostumbrado a leer textos que hacen del lenguaje un problema que a veces olvido que es posible no hacerlo. Por ejemplo, no hay ninguna ironía o doble sentido cuando Iacoboni aclara: "cabe mencionar que la mayoría de los científicos no consideran que lavar papas constituya prueba fehaciente del aprendizaje por imitación de los monos japoneses". Frases como esas son las que Deleuze-Guattari usan para sus propósitos macabros.
¿Tienen algo que ver las "neuronas espejo" con las "identificaciones imaginarias"?. En algún punto. Voy a seguir escribiendo sobre el tema, aunque las chances de que pueda introducirlo en la agenda de la teoría literaria son nulas, hay algunos aspectos neuropolíticos o neuroideológicos (el primero de estos pseudotérminos es utilizado por Iacoboni, no así el segundo) que merecen cierta atención.
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